Neida Sandoval regresa a Honduras

La periodista Neida Sandoval anunció hoy que en abril estrenará un programa de entrevistas en el canal 11 de Honduras, con lo que volverá a la televisión de su país después de más de tres décadas de ausencia.

“Decidí montar mi propia empresa productora y ya tengo mi primer proyecto“, anunció la conductora, que esta semana participó en las celebraciones del 20 aniversario del programa de la cadena Univisión “Despierta América”, espacio en el que trabajó durante 15 años.

“Enseñaremos lo mejor del ser humano“, expresó la periodista sobre el proyecto, que consistirá principalmente de entrevistas y se grabará entre Honduras y Miami (Florida), según señaló.



“Tendremos todo tipo de invitados, famosos y no famosos”, agregó Sandoval, de 55 años y quien salió de Honduras en 1987, donde trabajó como actriz y reportera.

En 1992 comenzó a trabajar en Univision, cadena en la que se mantuvo hasta el año 2013. Posteriormente, entre 2014 y 2016 ejerció de presentadora de noticias en “Un nuevo día”, el matutino de la cadena Telemundo.

Desde febrero de 2012, Sandoval se desempeña como embajadora de las Aldeas Infantiles SOS en su natal Honduras y promueve la labor de esta organización internacional que ayuda a niños huérfanos o a aquellos cuyos padres no pueden hacerse cargo de ellos.

“Honduras es mi corazón y he pasado demasiado tiempo lejos. Es hora de volver a estar presente regularmente”, manifestó

Fuente: El Diario de NY


Honduras es el país más infeliz de América Latina

Costa Rica se coronó como el país más feliz de la región. Mientras que Venezuela fue el único que empeoró su clasificación drásticamente, según el informe de la ONU.

Según el Informe Mundial de la Felicidad de 2017 de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), divulgado este lunes (20.03.2017), Costa Rica es el país más feliz de Latinoamérica. El pequeño país centroamericano quedo de número 12 a nivel mundial, superando incluso a países como EE. UU. (14), Alemania (16), y el Reino Unido (18).




En el estudio, los expertos analizaron el nivel de felicidad de los países en base a diversos indicadores, como el sistema político, los recursos, la corrupción, la educación o el sistema de sanitario. Se estudiaron 155 países y se utilizó datos de entre 2014 y 2016.

A Costa Rica le siguen le siguen en Latinoamérica, con más de diez puestos por debajo, Chile (20), Brasil (22), Argentina (24) y México (25). Uruguay figuró en el puesto 28, seguido por Guatemala y Panamá, sucesivamente. En la parte media-baja de la tabla se encuentran Colombia (36), Nicaragua (43), Ecuador (44), El Salvador (45), Bolivia (58), Perú (63) y Paraguay (70).

Mientras tanto, Honduras quedó como el más infeliz de Latinoamérica, en el puesto 91. El país centroamericano habría sido el más infeliz de la región también el año pasado. Así mismo, Republica Dominicana (86) y Venezuela (82) quedaron como los países latinoamericanos de menor felicidad.


La felicidad sube en América del sur y se estanca en Centroamérica

La mayoría de los países de América del Sur lograron subir sus índices de felicidad en doce años. Esta tendencia contrasta con el pronunciado descenso de Venezuela, que fue el país que más empeoró en la región latinoamericana y también a nivel global.

En el mismo periodo, los indicadores de felicidad se estancaron o disminuyeron relativamente en Centroamérica, región a la cual Costa Rica, paradójicamente, forma parte.


Noruega: el número uno

El estudio le otorgó el primer puesto a Noruega, que había quedado de cuarto lugar el año pasado. Le siguió Dinamarca, ganador del 2016, y luego Islandia, Suiza y Finlandia respectivamente.

El informe destaca que Noruega, rica en petróleo y gas, ha conseguido “extraer su petróleo a un ritmo lento e invertir las ganancias en el futuro en lugar de gastarlas en el presente”. Además, el país nórdico evitó “el ciclo de prosperidad y quiebra de otras muchas economías ricas en recursos”, señala el estudio. Los cuatro primeros países de la lista puntuaron alto en factores claves para la felicidad, como la libertad, generosidad, honestidad, salud, ingresos y buena gobernanza.


Los más infelices del mundo

El país más infeliz del mundo es la República Centroafricana. Además los países africanos Burundi, Tanzania, Togo, Ruanda, Guinea, Liberia, y Sudan del Sur también se posicionaron al final de la lista.

No sorprende que Siria y el Yemen, que viven hoy en día graves conflictos armados que han devastado a sus poblaciones, también fueran demarcados como unos de los países más infelices.

Juventud desplazada reconstruye su proyecto de vida

En Honduras ACNUR y su socio CSAM desarrollan un proyecto gracias al cual jóvenes desplazados por la violencia y expuestos a riesgos de protección reciben atención psicosocial y capacitación vocacional.

SAN PEDRO SULA, Honduras, 3 de marzo de 2017 (ACNUR) - A sus 17 años, Mario* se vio forzado a huir hacia otro barrio para salvar su vida. Siendo un estudiante, fue víctima directa de amenazas y rapto por parte de actores violentos, quienes están presentes en las colonias de San Pedro Sula.

Mario nació y creció en una de estas colonias, en la que actualmente vive toda su familia. “Éramos 65 nietos viviendo cerca de mi abuela; hoy no puedo estar con ellos porque en 2015 tuve que desplazarme. No fue fácil para mí dejar mi casa, la escuela y a mi familia”.

Las comunidades y familias que viven en territorios bajo el control de facto de estos grupos, se enfrentan a grandes desafíos para proteger a sus hijos e hijas. “Me tuve que ir por el control de territorios. La pandilla contraria a la que estaba en el lugar donde yo vivía nos empezó a acosar. Varios jóvenes que vivían en la colonia tuvieron que huir también”, cuenta Mario, quien no ha podido regresar a su casa, con su familia.

“En Honduras, los niños, niñas, adolescentes y jóvenes viven los impactos de la violencia en sus hogares, escuelas y comunidades. Ellos se enfrentan a riesgos permanentes de uso, vinculación y reclutamiento, violencia sexual y de género, a la restricción de movilidad impuesta por integrantes de maras y pandillas, lo que afecta de manera directa el acceso a servicios y derechos básicos como son la educación y formación, salud, recreación, deporte, encuentro familiar y comunitario, entre otros”.

La ausencia de alternativas y los reducidos mecanismos para la protección de adolescentes y jóvenes, sumado a los altos niveles de estigmatización y discriminación sobre la población juvenil proveniente de zonas de alto riesgo limita el acceso a la educación y oportunidades laborales, agudiza los riesgos a los cuales están expuestos diariamente e invisibiliza las amenazas existentes a su vida, libertad, seguridad e integridad física.





De acuerdo con el Observatorio de Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras [1] entre enero de 2010 y marzo de 2016 se registraron 1.183 homicidios de estudiantes en todo el país, 53% de ellos se encontraban en secundaria. Las escuelas también se ven grandemente afectadas por la violencia. Sólo en el Distrito Central de Honduras, 20% de las 2,674 escuelas y colegios - tanto privados como públicos - son afectados por la extorsión de acuerdo al Director Departamental de Educación para el Departamento de Francisco Morazán.

Ante esta grave situación y el impacto de la violencia sobre este grupo de población, la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y la Comisión de Acción Social Menonita (CASM) desarrollaron una alianza estratégica, en agosto de 2016, con el objetivo de mitigar los riesgos y fortalecer los mecanismos de protección dirigidos a jóvenes desplazados por la violencia.

“Hemos firmado un acuerdo con CASM que permite que jóvenes que se han desplazado internamente por la violencia o que están en riesgo de desplazarse reciban acompañamiento y orientación frente a su situación, atención psicológica para aminorar los impactos de la violencia en la salud mental y fortalecer sus habilidades de resiliencia, formación en habilidades para la vida, así como formación vocacional, en empleo y emprendimiento”, indicó Celis.

A través de este acuerdo, 48 jóvenes como Mario han recibido cursos técnicos vocacionales que incluían panadería, reparación de celulares, barbería y belleza. También han recibido acompañamiento y asesorías  encaminados a la reconstrucción de su proyecto de vida.

Dentro de los resultados del proceso, algunos jóvenes han regresado a la escuela, otros han encontrado un trabajo o iniciarán su propio negocio para aumentar sus posibilidades de integración local en las comunidades de acogida.

Mario tiene ahora un negocio de reparación de celulares y actualmente continúa recibiendo asesoría por parte del proyecto en emprendimiento y administración de empresas, en especial sobre cómo mantener la contabilidad del negocio. Sueña en ser un administrador de empresas y espera ahorrar suficiente para inscribirse en una universidad y continuar sus estudios.

“El proceso con ACNUR y CASM no solo me ayudó a descubrir mis potencialidades, sino también a conocer y compartir con otras y otros jóvenes desplazados, a reencontrarme con mi familia en espacios libres de control”, cuenta Mario.

La mamá de Mario y sus hermanos lo han podido acompañar a diferentes espacios de intercambio en el marco del proceso con CASM, como lo fue al día de su graduación.  Orgulloso con su certificado de técnico en reparación de celulares y abrazando a su mamá enfatizó: “Tengo todas las herramientas para ser un emprendedor, un empresario”.

A pesar de la ausencia de registro e identificación oficial de personas desplazadas en el país, en el 2016 el ACNUR en alianza con socios estratégicos identificó y asistió a un total de 8.406 personas desplazadas. En el transcurso del mismo año las organizaciones de sociedad civil y medios de comunicación reportaron eventos de desplazamientos masivos y simultáneos en San Pedro Sula y Tegucigalpa.

Las personas desplazadas internas en Honduras huyen de la violencia generada por la disputa entre pandillas, la extorsión, las amenazas, el reclutamiento forzado, la violencia sexual, la usurpación, despojo y ocupación de tierras y vivienda,  y la inseguridad.

En 2015, el Gobierno de Honduras presentó el informe “Caracterización del desplazamiento interno en Honduras” elaborado por la Comisión Interinstitucional para la Protección de Personas Desplazadas por la Violencia (CIPPDV). De acuerdo con el informe alrededor de 41.000 hogares (174.000 personas en 12 departamentos y 20 municipios urbanos) se han desplazado por la violencia entre los años 2004 y 2014.

* Nombre cambiado por razones de protección

Por Angela Flórez desde Ciudad de Panamá, Panamá.

Fuente

Proyectos de Infraestructura Básica en Honduras


El Proyecto de Infraestructura Rural, implementado en Honduras entre 2006 y 2016, permitió mejorar el acceso, la calidad y la sostenibilidad de los servicios básicos de infraestructura. Gracias a ello hoy más hondureños disponen de agua y saneamiento, electricidad y carreteras en buen estado.

El proyecto también permitió desarrollar capacidades locales y prepararse para responder eficaz y eficientemente a una emergencia. A través de dos créditos por valor de 60 millones de dólares, este proyecto ha permitido que 184,779 personas tengan acceso a caminos rehabilitados y que 94,212 disfruten de electrificación rural gracias a acciones de extensión de red.



Asimismo, ha facilitado la instalación de sistemas solares y ha beneficiado a 91,458 personas, que ahora pueden acceder a sistemas de agua.

Banco Mundial

Ferrocarril de San Pedro Sula

El Ferrocarril Nacional de Honduras continúa operando en San Pedro Sula con solamente dos unidades realizando el trayecto entre el Centro de la ciudad y la Gran Terminal.



Descubrimiento Médico Hondureño reconocido oficialmente


Tegucigalpa, (ACAN-EFE).- El olvido de la billetera en su casa llevó al médico hondureño Héctor Ramos, cuando era estudiante de sexto año de medicina, a descubrir con un grupo de investigación científica que ahora dirige, un síndrome único en el mundo del que se ha hecho eco una prestigiosa publicación del Reino Unido.

Se trata del Síndrome Ramos-Martínez, por los apellidos del médico investigador principal y el del paciente (Daniel Gerardo), quien “durante 42 años había querido saber cuál era su identidad biológica, saber quién era él en ese sentido”, dijo a Acan-Efe Ramos al explicar, desde San Pedro Sula, norte, cómo conoció el caso.



Ramos fundó en 2008, cuando era estudiante de segundo año de medicina, el Grupo de Investigación de la Universidad Católica de Honduras (GIMUNICAH), en San Pedro Sula, segunda ciudad de Honduras.

Cuando comenzó la investigación, los 18 investigadores todos eran estudiantes, menos Edwin Francisco Herrera-Paz, un médico que se unió al grupo durante el proceso.

En la actualidad, de los 18 investigadores siete son médicos y el resto estudiantes que cursan entre el cuarto y séptimo año, como Karla Reyes, a través de quien Acan-Efe conoció sobre el paciente.

Ramos relató que la niñez y adolescencia de Martínez, hondureño, de 44 años, estuvieron marcadas en ocasiones por dificultades, como el bullying, al que estuvo expuesto en la escuela y el colegio.

“A pesar de todo eso, él expresa que el amor que le ofrecieron su familia, sus amigos y sobretodo el creer en Dios, fue lo que le dio la fortaleza para seguir adelante”, añade.

El paciente ha logrado superar muchos retos y según indicó Ramos, “su perseverancia, su historia de vida, fue siempre inspiración para todo el equipo de investigación, que nunca renunció a la búsqueda de poder darle una respuesta diagnóstica”.

Martínez lleva una vida normal, plena y productiva como un miembro activo de la sociedad, pese a sufrir una alteración cardíaca y el prolapso de la válvula mitral, que es leve y no le conlleva ninguna discapacidad.

De algunas anomalías ha expresado que representan molestias, como las hernias inguinales bilaterales, que aún están pendientes de encontrar cupo quirúrgico.

Su coeficiente intelectual es normal. Presenta disminución de la capacidad auditiva, en parte por la estrechez del conducto auditivo, así como la tendencia a la acumulación de cerumen.

Sin embargo, a pesar de eso, se desempeña de gran manera con los instrumentos musicales, subraya el médico sobre el paciente.

Martínez es soltero, su madre vive, su padre murió hace cinco años, tiene una hermana, no tiene hijos y aún se desconoce la información sobre su capacidad reproductiva.

Ramos conoció a Martínez antes de ir en el coche a su casa por la billetera olvidada.

En ese momento, recuerda Ramos, había una reunión de catedráticos en una de las áreas libres del campus. Ahí vio a su maestro y vicedecano, Benjamin Mena, y pensó en ir a saludarlo rápido e irse.

Se dirigió a saludar a Mena y vio que al lado había un hombre con boina, levemente encorvado en su asiento. Era Daniel Gerardo Martínez, a quien le presentó y le dijo que iba a comenzar a trabajar en la Universidad como catedrático de música.

Mena le había comentado a Martínez que Ramos dirigía un grupo de investigación, lo que animó al paciente a pedirle “un minuto” de su tiempo para exponerle su caso.

“Me contó que durante 42 años había querido saber cuál era su identidad biológica, saber quién era él en ese sentido. Que había visitado innumerables especialistas a lo largo de toda una vida y nadie conseguía decirle cuál era su diagnóstico”, dice Ramos.

Martínez le expresó a Ramos que estaría dispuesto a que su equipo médico investigara su caso, y preguntó si podrían considerarlo en su proyecto de investigación.

Ramos le respondió que harían todo lo que estuviera en las manos del equipo de investigación y “así empezó una increíble aventura y un misterio” que les tomaría dos años resolver, “con la ayuda de Dios y no uno, sino decenas de ángeles”.

“Algo que aprendí de esta experiencia, es que mientras los proyectos sigan las razones adecuadas, los recursos seguirán a las ideas”, enfatizó Ramos.

El Síndrome Ramos-Martínez ahora está a disposición de la ciencia para que investigue la cura del paciente, a quien la investigación, según declaraciones del paciente a Journal of Medical Case Reports, una revista del Reino Unido de la editorial científica BioMed Central (BMC), le ha dado un nuevo sentido a su vida.

“A mis 44 años de edad me siento aún como un adolescente y quiero experimentar la vida en su total dimensión”, dice Martínez en su agradecimiento a la publicación británica.

Añade que trata de disfrutar todo lo que le acontece, que sigue sintiendo “periódicamente presión baja, sordera, cansándome con mayor facilidad”.

Experimenta dolor debido a las hernias inguinales cuando camina mucho y hace mucho esfuerzo, “viendo como mosquitos o puntitos negros en mi visión, así como ansiedad, pudiendo ahora autocontrolarme un poco más”.

“Pero estas cosas son pequeñeces en comparación con la mejoría que he sentido sabiendo el resultado de mi estudio genético, ya que ahora veo un poco más claramente y me conozco mucho mejor a mí mismo”, dice el paciente que entre el ambiente de su familia, el trabajo y notas de Chopin, se aferra a diario a la vida.