Sabanagrande: pueblo de rosquillas y tustacas


Cuando uno viaja al Sur, es casi obligatorio detenerse en cualquier otros puesto a orillas de la carretera, en busca de una bolsa (o dos si se puede) de rosquillas y tustacas.




Al llegar a Sabanagrande, lo primero que sorprende es la tranquilidad y limpieza de las calles empedradas. Anchas y bien hechas, conducen directamente al parque central en donde, como en la mayoría de nuestros pueblos diseñados por los españoles, sobresale la iglesia de un lado y el palacio municipal al otro. Sólo que la Iglesia de El Rosario es muy particular.

La edificación data del año 1807 y fue realizada por los hermanos Rosa, cinco hacendados de origen español y propietarios de la Hacienda Hato Grande. Lo llamativo de esta iglesia es que su fachada es una réplica de la fachada de la Catedral de Tegucigalpa, dedicada a San Miguel Arcángel. Con más de dos siglos de vida, la edificación de Sabanagrande permanece, aparentemente, en buen estado.

El pueblito creció a la par de la minería. Según el primer título de tierras, Sabanagrande aparece con el nombre de Nuestra Señora del Rosario de Apacunca, con un tamaño mayor a las siete caballerías (Um… me pregunto, ¿cuánto es una caballería? equivale a 45.03 hectáreas), perteneciendo a los alférez Cristóbal Núñez, Gregorio Sánchez y Antonio Corella, vecinos de la provincia de Tegucigalpa, del Partido de Ojojona. Según el documento, la propiedad la obtuvieron en 1739.


De acuerdo a documentos que obtuve en la Alcaldía Municipal, en la zona existen todavía yacimientos de oro, azufre, plata y carbón. De todas las minas que se perforaron, la más famosa fue la de San Marcos, situada a unos 3 kilómetros del centro urbano. Fue trabajada por los españoles y en 1878, con autorización del Dr. Marco Aurelio Soto, la Rosario Mining Company fue la compañía que la explotó, llegando a emplear alrededor de 500 hombres. De acuerdo a los registros, la explotación minera acabó en 1927.

Pero la riqueza del pueblo no se murió ahí. Sin duda, la agricultura de granos básicos y la ganadería se combinan perfectamente en la zona. Añada usted el cultivo de árboles frutales como papaya, aguacate (julio a agosto), ciruelas o jocotes (marzo a abril), mangos (marzo a julio) y cítricos (de octubre a diciembre) y ya tiene usted una nueva fuente de riqueza.

Pero de todo lo que ofrece Sabanagrande, nada es comparable a la calidez de su gente. Desde que usted llega, encontrará una mano amiga dispuesta a darle la información que necesita. Algo que en nuestras selvas urbanas, lastimosamente se pierde día a día.

Así que el próximo fin de semana, deje listo el café y vaya por sus rosquillas a Sabanagrande.
¡Valen la pena!