Descubrimiento Médico Hondureño reconocido oficialmente


Tegucigalpa, (ACAN-EFE).- El olvido de la billetera en su casa llevó al médico hondureño Héctor Ramos, cuando era estudiante de sexto año de medicina, a descubrir con un grupo de investigación científica que ahora dirige, un síndrome único en el mundo del que se ha hecho eco una prestigiosa publicación del Reino Unido.

Se trata del Síndrome Ramos-Martínez, por los apellidos del médico investigador principal y el del paciente (Daniel Gerardo), quien “durante 42 años había querido saber cuál era su identidad biológica, saber quién era él en ese sentido”, dijo a Acan-Efe Ramos al explicar, desde San Pedro Sula, norte, cómo conoció el caso.



Ramos fundó en 2008, cuando era estudiante de segundo año de medicina, el Grupo de Investigación de la Universidad Católica de Honduras (GIMUNICAH), en San Pedro Sula, segunda ciudad de Honduras.

Cuando comenzó la investigación, los 18 investigadores todos eran estudiantes, menos Edwin Francisco Herrera-Paz, un médico que se unió al grupo durante el proceso.

En la actualidad, de los 18 investigadores siete son médicos y el resto estudiantes que cursan entre el cuarto y séptimo año, como Karla Reyes, a través de quien Acan-Efe conoció sobre el paciente.

Ramos relató que la niñez y adolescencia de Martínez, hondureño, de 44 años, estuvieron marcadas en ocasiones por dificultades, como el bullying, al que estuvo expuesto en la escuela y el colegio.

“A pesar de todo eso, él expresa que el amor que le ofrecieron su familia, sus amigos y sobretodo el creer en Dios, fue lo que le dio la fortaleza para seguir adelante”, añade.

El paciente ha logrado superar muchos retos y según indicó Ramos, “su perseverancia, su historia de vida, fue siempre inspiración para todo el equipo de investigación, que nunca renunció a la búsqueda de poder darle una respuesta diagnóstica”.

Martínez lleva una vida normal, plena y productiva como un miembro activo de la sociedad, pese a sufrir una alteración cardíaca y el prolapso de la válvula mitral, que es leve y no le conlleva ninguna discapacidad.

De algunas anomalías ha expresado que representan molestias, como las hernias inguinales bilaterales, que aún están pendientes de encontrar cupo quirúrgico.

Su coeficiente intelectual es normal. Presenta disminución de la capacidad auditiva, en parte por la estrechez del conducto auditivo, así como la tendencia a la acumulación de cerumen.

Sin embargo, a pesar de eso, se desempeña de gran manera con los instrumentos musicales, subraya el médico sobre el paciente.

Martínez es soltero, su madre vive, su padre murió hace cinco años, tiene una hermana, no tiene hijos y aún se desconoce la información sobre su capacidad reproductiva.

Ramos conoció a Martínez antes de ir en el coche a su casa por la billetera olvidada.

En ese momento, recuerda Ramos, había una reunión de catedráticos en una de las áreas libres del campus. Ahí vio a su maestro y vicedecano, Benjamin Mena, y pensó en ir a saludarlo rápido e irse.

Se dirigió a saludar a Mena y vio que al lado había un hombre con boina, levemente encorvado en su asiento. Era Daniel Gerardo Martínez, a quien le presentó y le dijo que iba a comenzar a trabajar en la Universidad como catedrático de música.

Mena le había comentado a Martínez que Ramos dirigía un grupo de investigación, lo que animó al paciente a pedirle “un minuto” de su tiempo para exponerle su caso.

“Me contó que durante 42 años había querido saber cuál era su identidad biológica, saber quién era él en ese sentido. Que había visitado innumerables especialistas a lo largo de toda una vida y nadie conseguía decirle cuál era su diagnóstico”, dice Ramos.

Martínez le expresó a Ramos que estaría dispuesto a que su equipo médico investigara su caso, y preguntó si podrían considerarlo en su proyecto de investigación.

Ramos le respondió que harían todo lo que estuviera en las manos del equipo de investigación y “así empezó una increíble aventura y un misterio” que les tomaría dos años resolver, “con la ayuda de Dios y no uno, sino decenas de ángeles”.

“Algo que aprendí de esta experiencia, es que mientras los proyectos sigan las razones adecuadas, los recursos seguirán a las ideas”, enfatizó Ramos.

El Síndrome Ramos-Martínez ahora está a disposición de la ciencia para que investigue la cura del paciente, a quien la investigación, según declaraciones del paciente a Journal of Medical Case Reports, una revista del Reino Unido de la editorial científica BioMed Central (BMC), le ha dado un nuevo sentido a su vida.

“A mis 44 años de edad me siento aún como un adolescente y quiero experimentar la vida en su total dimensión”, dice Martínez en su agradecimiento a la publicación británica.

Añade que trata de disfrutar todo lo que le acontece, que sigue sintiendo “periódicamente presión baja, sordera, cansándome con mayor facilidad”.

Experimenta dolor debido a las hernias inguinales cuando camina mucho y hace mucho esfuerzo, “viendo como mosquitos o puntitos negros en mi visión, así como ansiedad, pudiendo ahora autocontrolarme un poco más”.

“Pero estas cosas son pequeñeces en comparación con la mejoría que he sentido sabiendo el resultado de mi estudio genético, ya que ahora veo un poco más claramente y me conozco mucho mejor a mí mismo”, dice el paciente que entre el ambiente de su familia, el trabajo y notas de Chopin, se aferra a diario a la vida.